Giovanna Martial
Entre intuición y experimentación, Giovanna Martial imagina escenarios donde materiales, volúmenes y gestos construyen universos visuales abiertos a nuevas interpretaciones.
En el trabajo de Giovanna Martial, el espacio nunca es un simple telón de fondo. Tiene presencia y una narrativa propia. Crecida entre la escenografía teatral y operística, y familiarizada desde muy joven con el universo entre bastidores de decorados y rodajes, la artista autodidacta ha desarrollado una relación intuitiva con la construcción de la imagen y con la manera en que cuerpo, objeto y espacio conviven dentro de ella.
Su práctica, atravesada por el arte contemporáneo y la cultura cinematográfica, parte de una atención precisa a los materiales, los volúmenes y el color. Más que decorar una escena, Martial construye entornos capaces de alterar nuestra percepción de aquello que contienen: espacios que dialogan con el cuerpo, la ropa y el gesto, y que funcionan como un personaje más dentro de la imagen.
En esta conversación, Giovanna Martial reflexiona sobre ese delicado equilibrio entre presencia y ausencia, sobre la ficción como herramienta para acercarse a lo cotidiano y sobre un proceso creativo en el que la intuición, la colaboración e incluso el error pueden terminar definiendo una imagen.
MDA la hora de concebir una escenografía, ¿dónde comienza para ti el proceso creativo? ¿En la ropa, en el espacio, en una determinada atmósfera?
Siempre intento imaginar un personaje detrás de una colección. Para mí, una escenografía nunca existe por sí sola: siempre hay una presencia, aunque permanezca invisible. La ropa puede ser un punto de partida, tanto como una emoción, una luz determinada o una localización. Pero enseguida empiezo a construir un universo alrededor de esa presencia ficticia. Es ese sentido narrativo el que después guía mis decisiones.
MDLa escenografía tiene la capacidad de transformar nuestra manera de interpretar una imagen de moda. ¿Qué crees que puede aportar un espacio a una historia que la ropa por sí sola no puede?
La ropa ya nos cuenta muchas cosas, pero la escenografía crea un contexto, una tensión, un antes y un después. Puede sugerir una historia sin necesidad de explicarla. Me gusta cuando un espacio deja margen a la interpretación, cuando acompaña la imagen en lugar de subrayarla.

MDLa imagen de moda es el resultado de la convergencia de múltiples perspectivas creativas. ¿Cómo evoluciona tu visión inicial a través del diálogo con el fotógrafo, el estilista y el equipo creativo?
La colaboración es una parte integral del proceso. Lo que me interesa es ver cómo una idea se transforma al entrar en contacto con otras sensibilidades. El diálogo con el fotógrafo, el estilista y el director de arte enriquece el proyecto y lo lleva hacia territorios inesperados.
MDUna escenografía necesita tener presencia propia y, al mismo tiempo, permitir que la ropa y el modelo se expresen dentro de ella. ¿Cómo encuentras ese equilibrio?
Ese equilibrio es muy intuitivo. Me gusta dejar espacio para lo inesperado y aceptar que el proceso no siempre es lineal. A menudo, la solución aparece precisamente a través de la búsqueda, la experimentación y la perseverancia. A veces, incluso puede surgir de un error. Un elemento colocado en una posición equivocada o una limitación inesperada pueden abrir posibilidades mucho más interesantes. Intento estar atenta a esos momentos, porque a menudo aportan una sensación de acierto que no puede anticiparse por completo.
MD¿Cómo abordas el diálogo entre la ropa y el espacio? ¿La escenografía se diseña en torno a los looks o puede ser el propio espacio el que determine la manera en que finalmente se presenta la moda?
Ambos enfoques son posibles y los dos son esenciales en mi trabajo. A veces, la escenografía surge directamente de la ropa y prolonga su lenguaje visual. En otras ocasiones, es el espacio el que introduce una lectura diferente de la moda e influye en la manera en que se percibe. Este diálogo constante es lo que más me interesa. También es, desde mi punto de vista, lo que distingue un enfoque de la imagen de moda en el que está presente el cuerpo de un enfoque de naturaleza muerta.
“ El diálogo con el fotógrafo, el estilista y el director de arte enriquece el proyecto y lo lleva hacia territorios inesperados.”
MD¿Cómo entiendes la relación entre el cuerpo, la ropa y el espacio a la hora de construir una imagen?
Los concibo como una única entidad. No veo la escenografía como un simple fondo, ni la ropa como un elemento aislado. Todo tiene que funcionar en conjunto y responder a una misma intención. Cuando se alcanza el equilibrio adecuado, resulta difícil distinguir dónde empieza un elemento y dónde termina el otro.




MDA menudo hay tanta intención en aquello que está ausente de una imagen como en lo que está presente. ¿Qué importancia tiene la contención en tu manera de abordar la escenografía?
La ausencia es fundamental. Crea el espacio necesario para que exista la narrativa. Como escenógrafa, a menudo intento sugerir en lugar de mostrar. Un objeto, un color, un fragmento de tela o incluso una simple huella pueden contar a veces mucho más que una acumulación de elementos. Es precisamente ahí donde suele empezar a intervenir la imaginación del espectador.
MDCuando observas las imágenes finales, ¿qué te hace sentir que una escenografía ha funcionado realmente?
Me gusta cuando la ficción se acerca lo máximo posible a la realidad y a la vida cotidiana, hasta el punto de que la frontera entre ambas se vuelve casi imperceptible. Una escenografía lograda no es aquella que llama la atención sobre sí misma, sino aquella que consigue que una historia resulte creíble, evidente, casi familiar.
“ Como escenógrafa, a menudo intento sugerir en lugar de mostrar. Un objeto, un color, un fragmento de tela o incluso una simple huella pueden contar a veces mucho más que una acumulación de elementos.
